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“La felicidad compensa en altura lo que le falta en longitud"
(Robert Frost) 

¿Cuántas veces no habrías querido cambiar de vida apretando solo un botón? ¿Cuántas veces no has tenido la sensación de que lo que te pasa y lo que eliges lo deciden los demás? ¿Piensas en casarte o tener hijos solo porque toca?

Estas y otras cuestiones son las que abordan Victòria Alvelo y Xavier Lauder en El Congost, la obra de solo dos actores y un único día de función que pudimos ver el pasado miércoles en el Teatro del Raval.

La pieza, presentada por la compañía Ens De Nos – que integran los dos actores -  aborda el tema de la felicidad en la sociedad actual y la crisis existencial que sufre el personaje protagonista. La historia transcurre entre canciones, efectos sonoros y una fábula como hilo argumental.

Un hombre al borde del precipicio

Antón, un chico de vida normal y éxito relativo, padece una crisis existencial que le lleva al precipicio y a no querer seguir con su vida actual. Reflexiona entonces sobre cómo han vivido sus vidas sus amigos y su mejor amiga.

Todo sucede en el Congost de Mont-rebei, una de las sendas más arriesgadas de Europa, que se convierte en el marco perfecto para explicar el precipicio vital que vive el personaje. Ahí, con el vacío de fondo, decide que ya no puede más.


Fluidez verbal y emoción

El peso de toda la obra recae en el monólogo del protagonista. El papel que interpreta Xavier Lauder tiene mérito ya que contiene mucho texto en solitario. El protagonista interactúa además con el público en varias ocasiones.

Victòria Arvelo, la co-autora y co-protagonista de la obra, acompaña el monólogo de Lauder  con canciones en directo que dotan de profundidad al texto. Más adelante se convierte en un personaje más e interactúa con Antón narrando una fábula de animales.

El cuento infantil con el que termina la obra explica una historia que tiene como protagonista a un vendedor ambulante que vende felicidad a los habitantes de la selva.


A partir de ese momento se inicia un viaje que abrirá muchas preguntas al protagonista y al espectador, todas ellas cuestiones sobre las que en realidad no se plantea respuesta. Lástima que la pieza sólo se pudiera ver un día. ¡Esperamos que vuelva! 






 “Si algú assassina, una moneda
Si algú fa el boig, una moneda als seus dits
Si hi ha un segrest, una altra moneda
Sobre tot, sobre tot, si hi ha sang i crits”
(L’esbudellador de Whitechapel)


Podéis oír nuestra entrevista a Roger Borrull en el programa Generació 7.0 de 7 de ràdio haciendo clic aquí. A partir del minuto 1.32!

¿Quién era Jack el destripador? Un nuevo libro asegura que el asesino en serie que sumió en el terror al Londres de finales del XIX era un inmigrante polaco de 23 años llamado Aaron Kosminski, que en la época fue considerado sospechoso.  Pero… ¿eso realmente importa?

Tanto para la prensa de esa época como para la actual la verdadera identidad de Jack no es más que una anécdota. Lo verdaderamente importante es pensar que durante muchas noches alguien fue por las calles marginales de Londres matando y destripando sin piedad a prostitutas. 


Yaacobi: - Perdone, ¿ese trasero es suyo?
Rut: - Eso parece 
Yaacobi: Magnífico! ¿Y cómo se llama?

(Yaacobi&Leidetal, Hanock Levin) 


En Barcelona y Madrid se presentan cada año muchas obras traducidas por primera vez al castellano o al catalán. Las compañías y los teatros están acostumbrados a adaptar piezas del inglés, del francés, del italiano… y el “traducido por primera vez al” se convierte en la mayoría de los casos casi un mensaje promocional o en una característica más. En Yaacobi & Leidental se trata además de un tema crucial. Es una obra de Hanock Levin, un dramaturgo israelí sobre el que apenas existen referencias en nuestro idioma y del que se ha traducido muy poca cosa ya que escribió sólo en hebreo y se mostró bastante reacio a exportar su obra a otros países.

Yaacobi & Leidental es, como reza su título, un “musical metafísico”. Traducida del hebreo por Raquel García Lozano y dirigida por Ángel Ojea, mantiene la base de la original tanto en la banda sonora como en la escenografía. La música, tocada a piano en directo por Alfredo Gallego, es del compositor israelí Alex Kagan, que trabajó con el dramaturgo y quien al parecer ha quedado encantado con la traducción al castellano de sus temas.