“Un país sin educación y sin cultura es un país sin identidad”.
(Aitor Tejada, Codirector de Kamikaze Producciones, Premios Max 2012)
“Para mí, el amor es un teatro lleno”. Así de contundente se mostró
el actor de origen vasco Asier Etxeandía al recoger el pasado 30 de abril en el
Teatro Circo Price de Madrid el Premio Max al Mejor Actor Protagonista por su
papel en la obra “La Avería”, una de las grandes triunfadoras de la noche junto
a “Veraneantes”. Ambas recibieron cinco galardones: la primera, dirigida por
Blanca Portillo, se llevó los Max a la Mejor Dirección de Escena, Mejor
Escenografía, Mejor Figurinista, Mejor Diseño de Iluminación y el del ya citado
Mejor Actor Protagonista, mientras que la segunda, dirigida por Miguel del
Arco, se hizo con los títulos de Mejor Espectáculo de Teatro, Mejor Adaptación
de Obra Teatral, Mejor Composición Musical, Mejor Actriz Protagonista y Mejor
Productor.
Pero si se han escogido estos
premios, reconocimiento más importante del panorama actual en lo que a artes
escénicas se refiere, como estreno de este blog no es por la calidad de los
artistas y productos galardonados en la gala, que es indiscutible; ni por la
emoción de los actores al recoger sus premios, compartida por todo el público;
ni tan sólo por la repercusión que tienen los resultados finales de las
votaciones sobre la oferta artística española, hecho indudable y que se repite
año tras año. El motivo de estas líneas es la polémica surgida a raíz de las
críticas contenidas en los discursos de algunos de los premiados hacia las
políticas culturales establecidas por el gobierno, que dejan al arte en general
y al teatro y sus derivados en particular en una situación alarmante.
